Mora

Para conquistar tu corazon

Con algunos trastos y el gps, nos encaminamos el sábado hacía Tembleque pues allí nos esperaba el novio, nuestra primera parada en la boda de Elena y Jesús. Mientras hablábamos en el coche, recibimos su llamada para saber si tenía que ponerse el traje o esperarnos. Quería tener todo listo… Era una muestra de las ganas que tenía esta pareja de que empezara lo que iba a ser un día lleno de emociones, de esos que sueña cualquiera en su boda.

Empezar fue fácil: el Audi rojo que nos habían vaticinado y los carteles de ambos vestidos de pollito en la puerta de casa era indicación suficiente de que allí se cocía algo. Nos abrió la puerta Ángel, el cuñado guasón experto en posados, y al entrar nos esperaban todos arreglados, excepto Jesús. Hermanos, cuñado, papás y sobrinas con vestiditos de arras blancos y rosas, las más adorables de la casa.

Allí descubrimos el pasado ciclista de Jesús, vimos el rincón de los viajes de la pareja, sus cuadros especiales… y todo en una calma agradable. Después de escaparnos y hacer algunas fotos al traje y complementos, con los gemelos como punto deportista, empezaron los preparativos con la familia para darle un puntito de emoción.

Cada uno ayudó a colocar un complemento y todos se quejaron de que su papel era el más díficil: gemelos,tirantes, corbata, chaqueta, reloj… Entre risas y con el partido del Alavés – Real Madrid en la tele, las pequeñas eclipsaron un poquito al novio en algún momento y es que a todos se nos caía la baba, ¡a Jesús al que más! Eso sí, no se nos ponía nervioso ni por accidente, ¡qué tío!

Después de las últimas fotos de familia con todos como un pincel, pusimos rumbo a Mora donde nos esperaba Elena en el Hotel Los Conejos y donde se desarrollaría el resto del día.

Fue subir, llegar a la habitación 115 y ver todo preparado: el vestido colgado y extendido en esa cama con dosel de madera tallada, las joyas, los anillos sobre el precioso soporte también de madera, el ramo cerquita y los zapatos a estrenar. Una habitación amplia y con una ventana a la calle, algunos trajes colgando de los apliques, un espejo largo y luz, una muy bonita. ¡Qué buena pinta!

Las chicas de la casa estaban preparándose junto con una maquilladora muy especial y prima de la novia. Elena, con un pijamita de lo más bonito ya estaba lista para simplemente meterse en el vestido, así que después de hacer las fotos de los complementos y del propio vestido, le hicimos algunas retocándose el maquillaje para el recuerdo. Madre y hermana, más nerviosas que la propia Elena, terminaban de ponerse monas para ayudarla. Pasaban los minutos y aunque ese reloj seguía marcando las 19:00, no quedaba mucho para el gran momento. Los botones dieron toda la guerra que quisieron pero al final estuvo lista, tan sonriente y natural como si fuese en vaqueros. Y eso no es fácil.

Contando los minutos y agarrándonos a la frase que se repetía: «la novia tiene que llegar tarde», la familia se preparó y los niños, cuñados y vecinos llegaron para revolucionar el cotarro, ¡ya se notaban los nervios!. Les hicimos fotos juntos, en familia y con los pequeños. Unas con mucha emoción y otras divertidas como sólo los niños pueden hacer que sean. Al final sólo quedaba colocar el velo y como no encontramos a la peluquera, su prima y casi hermana hizo los honores. Y es que al final lo mejor es adaptarse y disfrutar del día según se presenta, con sus sorpresas incluidas y sonriendo, cómo hizo ella.

Mientras la una hacía el paseo con su familia, el otro esperaba junto a toda la gente en El Jardín de Cristal, un coqueto y paradisiaco rincón decorado con sillas blancas y alfombra roja sobre césped al aire libre. El tiempo acompañaba y la música ya se mezclaba con el murmullo de los invitados. La novia estaba a punto de entrar.

Después de la llegada, con ese momento tan bonito de encuentro entre la emoción y la vergüenza, podemos resumir la ceremonia con una palabra: amor. Y es que eso es lo que transmitieron todos los amigos y hermana de Elena al leer unas palabras sobre ellos. Algunos testigos optaron por las batallitas y regalarle a Jesús una gorra (para que se sintiera más cómo, decían), otros hablaron sobre la gran amistad en el trabajo y a Marina, por su parte, le salían las palabras a borbotones con lágrimas en los ojos. No fue a la única.Todos y cada uno la hicieron íntima e inolvidable.

Tras intercambiarse los anillos y la ceremonia de la arena, el beso los hizo marido y mujer ante todos. La ceremonia acabó con la canción de Gladiator, en la que tan bonitas frases se podían escuchar, y con un emotivo discurso acordándose de los abuelos, los presentes y los que no estaban con ellos. Piel de gallina. Después de las lágrimas vinieron las risas con el confeti y los abrazos que los acompañaron por todo el jardín junto con las felicitaciones.

Era hora de cenar pero de una manera diferente, más relaja e informal de la que estamos acostumbrados y los gente lo disfrutó. Y nosotras entre plato y plato buscábamos momentos para hacer fotos en grupo o para las muchas sorpresas que la pareja había preparado: Detalle para las mamás y también para los papás, que pusieron un punto cómico a la boda, pues los regalos, dos chandal del Madrid y del Atleti, se los dieron intercambiados a propósito, menos mal que se dieron cuenta rápido y se lo volvieron a intercambiar entre risas . Y para esos grupos de amigos, tanto el de él como el de ella, que demuestran ser una piña, unas fotos de la divertida preboda y una pulsera como recuerdo común.Regalillo para los hermanos y cuñados, perfumes en miniaturas para todos, hasta para los niños. Fue un ir y venir, secretillo por aquí, secretillo por allá. No pararon. Nadie se quedó sin un obsequio mientras el resto seguía picando y charlando, disfrutando del queso, el jamón o las pequeñas delicatesen que los camareros ofrecían. Hubo tiempo para hacer también foto a las chulas letras luminosas y a una maqueta del Talgo, llena de coordenadas importantes… todo de la mano de los amigos del novio, en especial de Santi ese amigo que tiene todas las profesiones; carpintero, pintor, electricista….a parte de la suya, y por supuesto, no nos olvidamos de la foto con  Pollo, porque como se decía: «todos han de tener una con él». Nos declaramos fans.

Acabados los regalos y con los cafés repartidos, llegaba el momento del baile, ese que estaba un poco en el aire. Comenzó con mimos y un corro de gente observando a la pareja pero como en todas las buenas historias pulcramente preparadas, lo inesperado apareció de la mano justo al lado de la pareja. Los niños empezaron a bailar en parejitas por libre iniciativa, con lo que de momento romántico pasamos a momento dulzura total y ya solo se oyeron risas en el salón. Solo ellos saben como rebajar la tensión del ambiente, convirtiéndolos a todos en protagonistas. A partir de ahí, se abrió la pista de baile,  aunque por poco tiempo: de repente cogieron el micro Ángel y Dani para presentar un vídeo que los amigos y familiares les habían preparado para felicitarles, mostrando esas fotos de infancia que más de uno quería que estuvieran ocultas en el cajón más oscuro. Sí, todos las tenemos.

Las parejas bailando, los abuelos incluidos, y hasta Elena le preparó de sorpresa a Jesús la actuación de un violinista muy actual que hizo las delicias de todos acompañando al dj entre la gente. Fue un día agotador pero nos fuimos muy contentas, contagiadas por todos los invitados que no pararon de pasarse por el photocall para disfrazarse y hacer el cabra. Gracias a amigos, hermanos y familiares por sonreír a la cámara, sin miedo y por las bonitas palabras. Gracias a Jesús y a Elena por confiar en nosotras para capturar ese día tan bonito y que con tanta ilusión habían preparado. Aún nos quedan algunas aventuras por vivir.

¡Qué seáis muy felices!

 

Como conoci a vuestra madre

Llegamos a Los Yébenes a una casa rural con unos pasillos llenos de encanto y unos techos que daban un aire de acogedor increíble. Toda la familia de un lado para otro escaleras arriba y escaleras abajo: “-Jesús, vístete que están las fotógrafas yaaaaa” «-¿yaaaa?, ¡qué estoy en calzones!». Gran recibimiento que delataba la diversión que nos íbamos a encontrar. Mientras la familia se arreglaba, nosotras cotilleamos y nos dejamos encandilar por cada rincón de esa magnífica vivienda. Fotitos del novio, de familia y hasta del peluquero que no dejó títere con cabeza pues era el día de ir todos muy guapos.

Partimos a visitar a Carolina al pueblo que compartiría el protagonismo de la celebración. En su casa, al revés que ocurrió con la de Jesús, su familia estaba más que preparada esperando que la novia se diera los últimos retoques, faltaba abrochar ese vestido que se resistió un poco, pero los nervios no pudieron con las magnifícas manos de las que vistieron a esa novia ya casi lista. Todo estaba en su sitio. En esta ocasión tenemos que decir que Carolina compartió protagonismo con su Jesús, su hijo pequeño. Unas cuantas fotos de familia obligatorias con hermano y padres cuando el reloj empezaba ya con la cuenta atrás y nos despedimos de ellos hasta el Ayuntamiento de Mora. Allí esperaba una gran multitud, muchos amigos y familiares. La entrada coronada por la canción de Viva la vida de Coldplay nos puso los pelos de punta a todos, no lo dudo. La ceremonia no resultó larga, fue entrañable y la melodía que ambientaba todo aseguraba una atmósfera increíble. A la salida, uno de los primos a coro con un montón de chicos más cantaron a capela a la recién casada pareja, dando paso a la cascada de arroz y pétalos para seguir la tradición. De nuevo llegaron los achuchones y hasta manteos al novio. La novia se quedaría con las ganas, pero con el embarazo no podía volar por los aires. Seguro será una de esas cosas que se guardarán para el futuro.

Acto seguido empezabamos la ruta para hacer las mejores fotos en los sitios emblemáticos y especiales de cada familia. Primera parada, la ermita de Mora. La luz que nos encontramos al subir nos enamoró, los rayos de sol se colaban entre los pinos dejando entrever al fondo un campo extenso de olivos. El fresquito que empezaba a hacer ayudó a la pareja a darse mimos y juntarse un poquito, estaban algo nerviosos pero cuando se dejaron llevar, se olvidaron de nosotros y lo disfrutaron de verdad, con el lema “dientes dientes que es lo que les jode”. Entre abrazos entraron en calor y nos pusimos en marcha hacia la siguiente parada, los molinos de los Yébenes. No llegamos a atrapar unos rayos de sol como habíamos hecho en la ermita, pero el sitio no nos defraudó, la luna coronaba la escena nocturna, flanqueada por esos impresionantes molinos iluminados. Algunas pasamos de ser fotógrafas a cubitos de hielo pero, a pesar de los bonitos encuadres, nos teníamos que despedir de aquel mágico lugar, pues nos esperaba un cóctel lleno de alegría y diversión.

La entrada triunfal de los novios abrió la veda para que cualquiera gritara un «¡Qué viva los novios!». Frase que se mantuvo durante toda la noche, no podía quedarse nadie sin proclamarlo a los cuatro vientos. Entre manteos y brindis se empezaron a animar todos y a hacer hambre para el banquete que les esperaba. Fue el momento de las sorpresas, la hermana del novio repartió pulseritas amarillas a favor de la lucha contra el cáncer que todos lucían orgullosos, los amigos del novio le sorprendieron con una misteriosa caja fuerte y otros a base de regalos curiosos. Las sonrisas no cesaron y eso es lo que más nos gusta.

Llegó uno de los grandes momentos, cortar la tarta, pero esta ocasión cargado de más emoción, pues era la señal en clave para dar el pistoletazo de salida a un flashmob multitudinario que dejó a los novios… ¡atónitos! Todas las mesas se pusieron poco a poco de pie y las primeras notas empezaron a sonar. Desde luego que la música fue la protagonista y acompañante del gran día. Espontáneos montaron una buena, de la nada y solamente con el acompañamiento de un cajón. Increíble. El aire flamenco ya se quedó con todos los invitados…

Todos se dirigieron entonces a la zona de la fiesta grande, la más grande que aún faltaba por producirse. La sala de baile primero recibió a la pareja con un vídeo sorpresa acerca de su bonita historia de amor, o como lo llamaron ellos un “Como conocí a vuestra madre”. Los novios abrieron el baile con una canción que nos encanta, Thinking out loud de Ed Sheeran, y con ese ritmo mostraron una coreografía espectacular. Después vinieron las actuaciones de flamenco, que se movían que daba gusto verlos y ahora ya sí que sí, que suenen las canciones de boda, y corran las copichuelas , que esta boda… ¡Hay que celebrarla!

Muchas gracias por confiar en nosotros, por demostrarnos un espectáculo flamenco que nos encandiló y por el cariño. Gracias también a Paula, amiga de los novios y de una que yo me sé.