2017

Con descapotable y a lo loco

Después de tantos meses de preparativos, de detalles y de nervios, la boda de Marta y Juan llegó, ¡y lo mejor de todo es que salió redonda! Lo primero por la emoción y es que no por repetir algo en voz alta, se cumple seguro. Esta vez, los sueños se hicieron realidad con un par de «sí, quiero» de lo más divertidos. Hasta el detalle de la llegada al cóctel pudo hacerse…Lo que os decimos, redondo. Mirábamos hacia atrás y veíamos quedadas, invitaciones especiales, reuniones en días de cumpleaños, whatsapps, conspiraciones de hermanos… Estábamos deseando que llegara y disfrutar del resultado de todo ese trabajo. Pero mejor empecemos por el principio, que así nos entenderéis mejor.

El sol acompañó durante todo el día aunque cuando empezamos con los preparativos de la mañana, la brisita fresca de otoño nos recordaba que a pesar de este tiempo loco, era 28 de octubre. Un día que nuestros chicos estamos seguros que no van ha olvidar. Ese día teníamos doble boda, así que les mandamos un pensamiento de buenas energías y suerte para que a nuestros compás les fuera también genial la jornada… ¡Y en marcha!

La casa del novio estaba en pleno casco histórico. Un rincón super pintoresco en la cuesta de Santa Leocadia, que tantos resbalones habrá provocado. Tocamos el timbre y subimos, besamos y preparamos las cámaras entre saludos de la familia, que ya estaba por la zona poniéndose a punto: unos con los trajes, otras en el rincón del maquillaje. Juan por su parte ya estaba medio vestido pero muy a gusto con sus pantuflas. ¡Cómo debía ser! y por eso nos acompañó a su antigua habitación donde tenía todos sus accesorios y el resto del traje preparados para unas fotos rápidas. No podíamos imaginar que su pasión por los coches le hubiera llevado a tener las vitrinas llenas de maquetas preciosas de decenas de ellos. La colcha con banderas a cuadros, y presidiendo, la maqueta del coche más especial: el suyo, que tan importante papel iba a tener ese día. Después de fotografiarlo todo, invitación y gemelos con mini volantes de coche incluidos, pasamos al mojo de la situación: su gente.

Nos gustó el ambiente alegre, esas canciones entonadas a escondidas, los últimos retoques y los rincones llenos de fotos y recuerdos. Esa luz bonita que entraba en el salón y que iluminó como sus padres y hermanos le ayudaban a colocarse cada detalle, cada prenda. El nudo de la corbata de las manos expertas de su padre, sus hermanos haciéndole sonreír, su mamá atenta de todo y con mucho cariño poniéndole el prendido. Lo mejor, ese abrazo emocionado que le dio… ¡y es que se le casaba su Juan!

Cuando ya todos estuvimos listos, y tras dejar las pantuflas en un rincón, bajamos a la calle para hacer las fotos de familia en esa bonita parte de Toledo. Con Santa Leocadia de fondo, Juan fue el protagonista de todas las fotos, las primeras de las que iba a formar parte. Padres y hermanos, la preciosa madrina … y su tía, que también estaba feliz de verlo vestido de novio. Al terminar, y con las alarmas sonando, pusimos el GPS hacia la casa de Marta que, según las malas lenguas, estaba hoy un pelín nerviosa.

Cuando llegamos al chalet, los familiares nos condujeron entre saludos a la habitación en la que estaba Marta escondida. Nos esperaba en batita para hacer la foto del vestido colgado. Después de salirnos y mientras esperábamos unos minutitos a que le ayudaran a meterse dentro, vimos como el resto de la casa estaba muy relajada: zapatillas que combinaban con vestidos y por el salón un bebé intentando dormir. Pero fue entrar con la habitación de la novia y empezarle a abotonar la espalda… y ponernos todos frenéticos. Y es que no hay nada mejor que una laaaaaaaaarga fila de diminutos botoncitos para sacarle de quicio a una, o a dos, o a tres personas… o a todos los que estábamos por allí. Al final, se fueron turnando cuando la cosa se ponía fea. Bromas a parte, todos querían ayudar a Marta y fue un rato bastante divertido ver como se iban pasando el relevo. Mientras, nosotros no parábamos de hacer fotos, captando gestos, miradas de afecto y algunos detalles hechos para ese día, como esos pollitos bordados que custodiaban los anillos.

Terminaron y llegó el momento de esos detalles: los pequeños pendientes, la liga, los zapatos con lazo, el ramo… y con cada cosa, otra vez tenía la ayuda de los suyos mientras desde la puerta de la habitación el resto se apelotonaba para verlo todo. Su madre y su hermana, ambas codo a codo poniendo el velo en tiempo récord y el papá y chico de la casa que tampoco se quedó atrás. También su amiga le echó una mano con todo lo que pudo, liga incluida. Cuando ya no creíamos que pudiera ser la situación más emotiva, llegó la abuela Maruja, emocionada y con ese acento y ese beso que le dio a su nieta. ¡Qué bonito es tenerlos! Antes de salir, Marta tenía un detalle preparado: un par de pulseras florales para su hermana y su amiga, a juego con el ramo para recordarles lo importantes que eran para ella. Los momentos no paraban de sucederse pero aguantamos bien la emoción.

Ya la hora se acercaba peligrosamente por lo que nos disponíamos a salir al jardín para hacer las fotos de familia cuando… nos vimos rodeados de familiares, ¡y es que la casa se había llenado de gente! Besos y piropos que le fueron echando a la novia en un pasillo improvisado. Las fotos en familia fueron tranquilas, unas pequeñas y otras enormes, con sus imprescindibles, los abuelos y todos juntos para no olvidar a nadie. Después, llegaba la hora de la verdad: la ceremonia en la iglesia de Santiago El Mayor, que sabíamos que tenía un significado especial para ellos. Y no solo porque el tío de Juan sería el párroco que oficiaría la misa, si no también por ser el lugar donde los padres de ambos se casaron. Una preciosa coincidencia que ellos nos contaban días atrás.

Al llegar la parroquia, teníamos un par de misiones: ambos querían tener un detalle especial con algunos amigos y las dos hermanas. Juan les colocó a sus dos compinches de fechorías los prendidos y quería tenerlos muy cerca mientras esperaba a Marta. Ella, llegó preciosa acompañada por el flamante padrino y nada más bajar del coche, le entregó a Rebeca la otra pulsera floral que tenía guardada para ella. Un detalle muy especial para demostrarle su cariño. Después, y tras abrirse la puerta, recorrieron juntos el pasillo muy cómplices bajo la atenta mirada de Juan y su madrina, que los recibieron con cariño.

La misa estuvo llena de palabras importantes, de miradas, de canciones y de calor de su gente. Esa calidez que transmitían y que estamos seguros que a la pareja les hará recordarla para siempre. Como tampoco nosotros podremos olvidar las ofrendas, con sus significados: ese coche, esa flor y ese globo terráqueo. Y como momento más divertido el del rito del matrimonio donde Juan pronunció solemnemente «Yo, Marta, …» y que nos sacó una sonrisa. Momentos importantes, nervios a flor de piel pero amor y ternura en el aire que es lo que más cuenta.

Al acabar de firmar, los invitados se les acercaron en tromba y a ellos la sonrisa no se les podía borrar de la cara. Nunca lo habíamos visto, doble felicitación por parte de los invitados, dentro y fuera de la parroquia. ¡Qué grandes! Nos hicimos algunas fotos en familia en el altar con el tiempo corriendo pero con buen humor. ¡Ya eran marido y mujer! El arroz y traca a la salida nos recordó que nos quedaba mucho por vivir, y con esa bendición, tras descapotar el coche de la pareja, nos fuimos todos hacia el precioso Cigarral de Santa María, lugar del banquete.

No queríamos que se perdieran nada y aunque las horas se nos habían ido un poco de madre, tuvimos tiempo de hacer un par de paradas. En el Puente de San Martín no estuvimos más que unos minutos, un paseo para grabarles animados, enamorados… con algún beso robado… pero perfecto para recordar el día de mañana. Después, y paseando entre felicitaciones y coches haciendo sonar el claxon, entre besos llegamos a la siguiente parada: un rincón único que había sido protagonista de la imagen de su invitación. Y como puede pasar en todas partes, cambiamos un poco el guión por cosas del directo… pero no por ello la panorámica fue peor. ¡Gracias por hacernos recordar ese sitio con aún más cariño!

La llegada al cóctel fue por todo lo alto, con el descapotable hasta la misma terraza y más contentos que una perdiz (Juan, lo conseguiste!). Después de eso, el brindis merecido y las primeras conversaciones, un poco de cóctel y… una pequeña escapada para unas fotos de cuento entre las viñas. Después, disfrutaron entre su gente entre los rayos del sol y haciendo algunas fotos en grupo con un ambiente más distendido. El tiempo pasó volando y poco a poco la gente fue entrando al salón para ocupar su sitio y darles un caluroso recibimiento con servilletas en el aire y una buena canción. No había modo mejor de empezar la comida.

Así fue desarrollándose: buenos olores (de los que nosotros también disfrutamos), vítores y algún grito pidiendo más besos. El corte de la tarta era la señal, ambos les tenían preparados a sus padres y a sus abuelas una sorpresa. A sus padres, un regalillo y unas bonitas tarjetas con mensaje que no esperaban y que hicieron saltar alguna lagrimita. Para las abuelas Socorro y Maruja, dos ramos como dos soles. Después, el tiempo empezó a acelerarse y terminamos la comida entre conversaciones, con los novios y los familiares entre los invitados y las cestas de los regalillos de una mesa a otra. Mientras, la gente se iba escapando con la excusa de tomar el aire y de pillar alguna golosina del Candy Bar. Fue el pistoletazo de salida de la fiesta.

Fue un baile con elegancia el de ellos, primero juntos y solos en medio del círculo de gente que les miraba y grababa; después con padrino y madrina, y parecía que tenían bastante práctica… ¡El movimiento de Marta con el vestido era precioso y se lo pensamos copiar! Sirvió para abrir una pista de baile que nunca quedó vacía. Fue un no parar de pasodoble, bachatitas y canciones divertidas que hizo las delicias de todos en esa terraza y entre luces de colores mientras caía la tarde. Tampoco el photocall se aburrió pues en esa zona las pelucas y los bigotes volaban para acompañar a parejas y grupos con ganas de echarse unas risas. Además, otro tierno detalle familiar fueron las postales con fotos, sorpresa preparada para emocionarles donde muchos de sus invitados habían elegido buenos momentos juntos tras los que escribirles una dedicatoria. La cara de la pareja al ver las tiras de fotos fue un poema. ¡Misión cumplida, equipo! Ambos rincones quedaron preciosos, un trabajo digno de admiración de las familias de la pareja, a las que felicitamos desde aquí.

Solo nos queda acabar esta crónica dando las gracias a Marta y Juan por confiar en Sánchez de Rojas Fotografía para acompañaros en este viaje. Por vuestra cercanía y el cariño de todos los invitados con el equipo. Fue un placer estar allí. Os deseamos lo mejor.

Grabame como un sello en tu brazo, como un sello en tu corazon

El sábado la emoción de las bodas fue diferente, teníamos esos nervios del principio que nuestro trabajo nos da, pero se mezclaban con otro sentimiento diferente, el cariño, la amistad. María y Josevi iban a celebrar lo que llevaban compartiendo muchos años; besos, caricias, sonrisas, lágrimas,amor…y muchas personas lo celebramos con ellos.

Para ser mediados de octubre, el tiempo otoñal era un simple espejismo pues parecía más el inicio de la primavera. El tiempo respetó, y Lorenzo quiso ser uno más de los invitados. Primero fuimos a visitar al impactante novio, estaba guapísimo, él y toda la familia, hemos de reconocer que las chicas especialmente estaban impactantes. Menuda familia… la casa tenía ricos aperitivos por si entraba el hambre, refrescos de todo tipo y tres hombrecillos revoltosos que ponían el punto infantil y alegre al momento. Entre ellos, Jose Vicente Junior, el principito de María y Josevi que iba con sus bonitos calcetines con pompones y su pequeña pajarita. Fotos familiares, contraluces llenos de abrazos entre hermanos, caricias y miradas de admiración de una madre… tenía de todo lo que tenía que tener un día tan especial. De repente llamaron a la puerta, era Álvaro, el abuelo paterno del pequeño José Vicente ¡ mamá le esperaba! Ya estaban todos listos y los detalles rematados, tocaba trasladarse para ver a la preciosa novia.

Al llegar a la casa vimos a un chico muy elegante y un coche rojo con detalles que delataban, ¡ habíamos llegado! Nos recibieron los hermanos de María y un pequeño Josevi qué enseguida presentó a sus primas Valentina y Carmen. Pero ¿Dónde estaba la novia? todo apuntaba a que estaba arriba , en su cuarto. Al abrir la puerta nuestros visores se empañaron, estaba impactante, aquel vestido de un principio, se había transformado en otra piel, las uñas de los pies destacaban por un negro del que la novia se enorgullecía, y cómo no hablar del peinado… ya hemos encontrado peluquera para el día de nuestra boda, Carol. Un precioso recogido lleno de paniculata y con un toque desenfadado daba el punto final a aquella mujer vestida de blanco. El cariño y la amistad hicieron mella, la cámara quedó a una lado por un segundo y las lagrimas brotaron sin ningún control. Seguimos haciendo fotos, la sonrisa no paraba, las bromas y el traqueteo de la familia que subía y bajaba rematando los últimos detalles, tampoco.

Su pequeño, al verla, la abrazó tan fuerte que Carol tuvo que echar bien de laca porque ese no era el único abrazo que iba a recibir. En el salón todos esperaban impacientes, alegres, elegantes…la radiante novia deslumbró y las fotos se sucedieron unas a otras; padres, hermanos, hermanas, tíos, primos, y Mina. La abuela tampoco  podía faltar, y no lo hizo, su cuadro emocionó hasta a las fotógrafas y la imagen quedó para el recuerdo. Tampoco el resto de abuelos que gracias a la fotografía les pusimos cara. Después, alboroto, giros de muñeca para mirar el reloj, gente buscando cosas… todo apunto para salir hacia la iglesia!

Allí nos plantamos en cuestión de minutos,en el Cristo de la Vega, nada mas salir del coche vimos a una pareja muy especial para nosotros, Mariví y Antonio y a la princesita que alegra a cualquiera que vea esos ojos azules, Valentina.  Ya había gente que esperaba impaciente la llegada del novio y la novia, otros que se asomaban de manera intrigante a ver quién venia, y algún grupo de jubilados haciéndose selfies… de repente, un sonido, mejor dicho… un rugido. Un rugido de 18 moteros a caballo de preciosas maquinas de dos ruedas que tenían la función de escoltar al novio. Nosotras en medio, disfrutando del humo, de los saludos a cámara y del asfalto ardiente.

Pronto llegaría Maria así que no podíamos demorarnos mucho mas. Ella, acompañada del mejor caballero de corta edad, bajaba del coche con una sonrisa de oreja a oreja.. saludó a todo el que estaba a su alrededor y destacó entre chupas de cuero y tubos de escape. No llevaba prisa, quería disfrutar del momento. Los invitados esperaban en la puerta y el novio, cómo no, en el altar. Era fácil, un pasillo corto y un sí quiero pero las infinitas anécdotas retrasaron la misa; los niños de arras: Ruben, David, las dos Valentinas, Carmen y Jose Vicente, no aguantaron mucho dados de la mano y el camino para ellos, parecía no tener final… detrás la novia, bueno, la novia, la madre de uno, la madre de otra… ¡al final fueron ellas las niñas de arras!

Por fin llegó ese momento de reencuentro, de magia, donde una naturalísima María fue a besar al novio pero antes de hacerlo se lo preguntó al sacerdote que la frenó diciéndole  «eso mejor luego». Entre anécdota y anécdota la que da título a este blog «Grábame como un sello en tu brazo, como un sello en tu corazón, porque es fuerte el amor como la muerte, es cruel la pasión como el abismo; es centella de fuego, llamarada divina: las aguas torrenciales no podrán apagar el amor, ni anegarlo los ríos. Si alguien quisiera comprar el amor con todas las riquezas de su casa, se haría despreciable». Así comenzó todo, con  una lectura en una pantalla de móvil, un sacerdote sujetando el micro apagado y una novia que mostraba la calma que ninguno teníamos. Fue toda una declaración de amor.

El sí quiero llegó pronto, los niños correteaban, jugaban con los móviles de los papás, y la gente se abanicaba con cualquier objeto que diese algo de aire. Al acabar, el ramo se ofreció a la Virgen y  esta vez la salida fue única ; ¡ no hubo arroz! Después de recorrer esa casi impoluta alfombra blanca, los invitados esperaban impacientes para dar un abrazo a los novios. Achuchones, palabras bonitas, y deseos de felicidad brotaban en una noche ya casi cerrada.

«Dos»fotos debajo de una luz que indicaba el camino y.. a ¡Monterey! Allí esperaban los invitados entre copas de champan y pequeños canapés. En el cóctel tuvimos la difícil misión de juntar a las familias, pero eran tantos que se nos escapaban en el menor despiste. El tiempo era fantástico, los niños correteaban por un lado y por otro y la gente disfrutaba charlando con Toledo de fondo.

Pronto subimos a cenar, teníamos mesa con invitados y disfrutamos cómo tal. Después de anécdotas, ricos platos y algún «que se besen» acabó la cena. Colonias para las mujeres y un bonito oleo para los hombres..

Tocaba bailar… los niños todavía tenían marcha, tanta, que ambientaron la discoteca y fueron los primeros en mover el esqueleto. Los novios se hicieron esperar pero abrieron con un baile lleno de miradas y caricias para dejar paso a las caderas dislocadas, las coreografías sin sentido y los pasos de baile mas improvisados.

Fue una día genial!!! Gracias a todos por vuestras palabras, y vuestros abrazos, gracias María y Josevi por confiar en nosotras, por hacerlo todo tan fácil, por tratarnos como a uno más y por tanto y tanto cariño.

Sed muy felices pareja!

 

Para conquistar tu corazon

Con algunos trastos y el gps, nos encaminamos el sábado hacía Tembleque pues allí nos esperaba el novio, nuestra primera parada en la boda de Elena y Jesús. Mientras hablábamos en el coche, recibimos su llamada para saber si tenía que ponerse el traje o esperarnos. Quería tener todo listo… Era una muestra de las ganas que tenía esta pareja de que empezara lo que iba a ser un día lleno de emociones, de esos que sueña cualquiera en su boda.

Empezar fue fácil: el Audi rojo que nos habían vaticinado y los carteles de ambos vestidos de pollito en la puerta de casa era indicación suficiente de que allí se cocía algo. Nos abrió la puerta Ángel, el cuñado guasón experto en posados, y al entrar nos esperaban todos arreglados, excepto Jesús. Hermanos, cuñado, papás y sobrinas con vestiditos de arras blancos y rosas, las más adorables de la casa.

Allí descubrimos el pasado ciclista de Jesús, vimos el rincón de los viajes de la pareja, sus cuadros especiales… y todo en una calma agradable. Después de escaparnos y hacer algunas fotos al traje y complementos, con los gemelos como punto deportista, empezaron los preparativos con la familia para darle un puntito de emoción.

Cada uno ayudó a colocar un complemento y todos se quejaron de que su papel era el más díficil: gemelos,tirantes, corbata, chaqueta, reloj… Entre risas y con el partido del Alavés – Real Madrid en la tele, las pequeñas eclipsaron un poquito al novio en algún momento y es que a todos se nos caía la baba, ¡a Jesús al que más! Eso sí, no se nos ponía nervioso ni por accidente, ¡qué tío!

Después de las últimas fotos de familia con todos como un pincel, pusimos rumbo a Mora donde nos esperaba Elena en el Hotel Los Conejos y donde se desarrollaría el resto del día.

Fue subir, llegar a la habitación 115 y ver todo preparado: el vestido colgado y extendido en esa cama con dosel de madera tallada, las joyas, los anillos sobre el precioso soporte también de madera, el ramo cerquita y los zapatos a estrenar. Una habitación amplia y con una ventana a la calle, algunos trajes colgando de los apliques, un espejo largo y luz, una muy bonita. ¡Qué buena pinta!

Las chicas de la casa estaban preparándose junto con una maquilladora muy especial y prima de la novia. Elena, con un pijamita de lo más bonito ya estaba lista para simplemente meterse en el vestido, así que después de hacer las fotos de los complementos y del propio vestido, le hicimos algunas retocándose el maquillaje para el recuerdo. Madre y hermana, más nerviosas que la propia Elena, terminaban de ponerse monas para ayudarla. Pasaban los minutos y aunque ese reloj seguía marcando las 19:00, no quedaba mucho para el gran momento. Los botones dieron toda la guerra que quisieron pero al final estuvo lista, tan sonriente y natural como si fuese en vaqueros. Y eso no es fácil.

Contando los minutos y agarrándonos a la frase que se repetía: «la novia tiene que llegar tarde», la familia se preparó y los niños, cuñados y vecinos llegaron para revolucionar el cotarro, ¡ya se notaban los nervios!. Les hicimos fotos juntos, en familia y con los pequeños. Unas con mucha emoción y otras divertidas como sólo los niños pueden hacer que sean. Al final sólo quedaba colocar el velo y como no encontramos a la peluquera, su prima y casi hermana hizo los honores. Y es que al final lo mejor es adaptarse y disfrutar del día según se presenta, con sus sorpresas incluidas y sonriendo, cómo hizo ella.

Mientras la una hacía el paseo con su familia, el otro esperaba junto a toda la gente en El Jardín de Cristal, un coqueto y paradisiaco rincón decorado con sillas blancas y alfombra roja sobre césped al aire libre. El tiempo acompañaba y la música ya se mezclaba con el murmullo de los invitados. La novia estaba a punto de entrar.

Después de la llegada, con ese momento tan bonito de encuentro entre la emoción y la vergüenza, podemos resumir la ceremonia con una palabra: amor. Y es que eso es lo que transmitieron todos los amigos y hermana de Elena al leer unas palabras sobre ellos. Algunos testigos optaron por las batallitas y regalarle a Jesús una gorra (para que se sintiera más cómo, decían), otros hablaron sobre la gran amistad en el trabajo y a Marina, por su parte, le salían las palabras a borbotones con lágrimas en los ojos. No fue a la única.Todos y cada uno la hicieron íntima e inolvidable.

Tras intercambiarse los anillos y la ceremonia de la arena, el beso los hizo marido y mujer ante todos. La ceremonia acabó con la canción de Gladiator, en la que tan bonitas frases se podían escuchar, y con un emotivo discurso acordándose de los abuelos, los presentes y los que no estaban con ellos. Piel de gallina. Después de las lágrimas vinieron las risas con el confeti y los abrazos que los acompañaron por todo el jardín junto con las felicitaciones.

Era hora de cenar pero de una manera diferente, más relaja e informal de la que estamos acostumbrados y los gente lo disfrutó. Y nosotras entre plato y plato buscábamos momentos para hacer fotos en grupo o para las muchas sorpresas que la pareja había preparado: Detalle para las mamás y también para los papás, que pusieron un punto cómico a la boda, pues los regalos, dos chandal del Madrid y del Atleti, se los dieron intercambiados a propósito, menos mal que se dieron cuenta rápido y se lo volvieron a intercambiar entre risas . Y para esos grupos de amigos, tanto el de él como el de ella, que demuestran ser una piña, unas fotos de la divertida preboda y una pulsera como recuerdo común.Regalillo para los hermanos y cuñados, perfumes en miniaturas para todos, hasta para los niños. Fue un ir y venir, secretillo por aquí, secretillo por allá. No pararon. Nadie se quedó sin un obsequio mientras el resto seguía picando y charlando, disfrutando del queso, el jamón o las pequeñas delicatesen que los camareros ofrecían. Hubo tiempo para hacer también foto a las chulas letras luminosas y a una maqueta del Talgo, llena de coordenadas importantes… todo de la mano de los amigos del novio, en especial de Santi ese amigo que tiene todas las profesiones; carpintero, pintor, electricista….a parte de la suya, y por supuesto, no nos olvidamos de la foto con  Pollo, porque como se decía: «todos han de tener una con él». Nos declaramos fans.

Acabados los regalos y con los cafés repartidos, llegaba el momento del baile, ese que estaba un poco en el aire. Comenzó con mimos y un corro de gente observando a la pareja pero como en todas las buenas historias pulcramente preparadas, lo inesperado apareció de la mano justo al lado de la pareja. Los niños empezaron a bailar en parejitas por libre iniciativa, con lo que de momento romántico pasamos a momento dulzura total y ya solo se oyeron risas en el salón. Solo ellos saben como rebajar la tensión del ambiente, convirtiéndolos a todos en protagonistas. A partir de ahí, se abrió la pista de baile,  aunque por poco tiempo: de repente cogieron el micro Ángel y Dani para presentar un vídeo que los amigos y familiares les habían preparado para felicitarles, mostrando esas fotos de infancia que más de uno quería que estuvieran ocultas en el cajón más oscuro. Sí, todos las tenemos.

Las parejas bailando, los abuelos incluidos, y hasta Elena le preparó de sorpresa a Jesús la actuación de un violinista muy actual que hizo las delicias de todos acompañando al dj entre la gente. Fue un día agotador pero nos fuimos muy contentas, contagiadas por todos los invitados que no pararon de pasarse por el photocall para disfrazarse y hacer el cabra. Gracias a amigos, hermanos y familiares por sonreír a la cámara, sin miedo y por las bonitas palabras. Gracias a Jesús y a Elena por confiar en nosotras para capturar ese día tan bonito y que con tanta ilusión habían preparado. Aún nos quedan algunas aventuras por vivir.

¡Qué seáis muy felices!

 

Infinito x Infinito

Todas las bodas suelen tener algo especial… pero es que la del sábado fue fuera de lo común. Y no solo en la infinidad de detalles pensados para ese día, si no por la gente, el sabor del sur, las nubes del Greco y una pareja con luces en los ojos.

Zocodover era nuestro primer destino cargadas de mochilas y buen humor. Por suerte el calor esta vez no era protagonista, aunque las cuestas de la ciudad imperial parecían más empinadas que nunca. Entre turista y turista llegamos a casa de la novia recorriendo el casco histórico y como todavía no había llegado, saludamos a la familia y decidimos ir en su busca. Nada más bajar nos la encontramos en el portal, estaba preciosa con su vestido blanco, esa onda en el peinado y su colgante de infinito, tranquila y tan cariñosa como siempre. La boda no parecía hacerle estragos y seguía siendo «un mar en calma» como ella misma dijo. Maria José, que así es como se llama la novia, hizo de guía por el que fue su hogar, plagado de ramos de flores en cada esquina y bonitas historias que ella conoce muy bien.

Al subir, nos dispusimos a hacer fotos de los detalles: unos preciosos Manolos azules que le había regalado su hermana, unos pendientes que encajaban a la perfección con el vestido, el sello tan especial que adornaba el meñique, y cómo no mencionarlo… el velo de la bisabuela Malola, que había pasado de generación en generación y que estuvo presente toda la boda. Mientras disfrutábamos entre bodegones, el papá de la novia nos sorprendió con un cuadro vivo a través de las ventanas del salón, allí estaba, nuestra majestuosa Catedral a un lado y la Iglesia de San Ildefonso al otro, salpicando la foto de tejados de diferentes tonos. Nos volvimos locas, la familia se reía mientras sonaba música alegre y la vuelta a España hipnotizaba al padrino y al hermano de la novia, lo podemos demostrar en foto.¡Cómo nos gusta lo natural! Pero teníamos que controlarnos, por supuesto, no podíamos ponernos a cantar aunque sí tarareáramos por lo bajo. La cosa pintaba muy requetebién y es natural…

Llegó el momento de vestirse, todo estaba preparado y la luz del salón nos regalaba contraluces y siluetas dignos de ese día. Botones, cancán, zapatos, y demás detalles que colocaron muy cuidadosamente su madre y su hermana, ya listas para la celebración. No faltaron ni sonrisas ni emoción contenida en las fotos familiares y en los abrazos con la niña, con María José. Pero el reloj movía sus agujas demasiado deprisa y teníamos que partir así que abriendo la puerta, cuando ya nos disponíamos a coger el ascensor, los sobrinos y los abuelos sorprendieron a la novia llegando en trompa y la cámara hizo unas cuantas fotos más. ¡Qué suerte de tener unos abuelos así!

Ahora sí, mochila a la espalda, estiramientos… ¡y a correr!! En la Puerta del Reloj de la Catedral estaba Manuel, el novio, que esperaba sonriente. Estaba espléndido, siempre decimos de la novia pero estaba vez hemos de reconocer que el novio no podía brillar más… según fuentes cercanas.. «la felicidad» era la culpable. Nos encontramos con mucha gente querida; Puris, Joaquínes, Miguel, Pilar, María, Fran, Paco, Álvaro, Inma, Chato… y más invitados que conocimos ese día y con los que fue un placer compartir momentos. El momento no podía ser más especial, Manuel, todavía en la entrada, había esperado a María José que se encontraba justo detrás, una distancia de pocos metros y unos minutos que podían parecer horas pues llegaba el momento de casarse.

La ceremonia fue tremendamente especial, risueña y llena de caricias y mimos entre los novios con la Virgen del Sagrario presidiendo desde el altar. A la salida, el arroz , una vez más fue bomba, y se llama así solo por que se lanza como si fuese tal, demostrado. Felicitaciones acompañadas de besos, abrazos, y acento gaditano en cada rincón. Después, unas cuantas fotos con la señorial madre del novio, el divertido padre y su elegante hermana. Y otras pocas con resto de familia y amigos. También con sus correspondientes bebedizos, Martín y Lucas que hicieron que se les cayese la baba a los novios ¡parecían padres de gemelos!

Después nos fuimos todos hacia El Cigarral de Las Mercedes, ese lugar mágico para disfrutar de la celebración. Bajo un árbol, «infinito x infinito», la frase que envolvió la boda. Y ¿ qué significa? Se preguntaban todos los invitados. «Infinito x infinito» es todo lo que se quieren los novios, multiplicad, ya veréis cuanto… Al fondo de ese patio salpicado de luces, un rincón dedicado para la familia del novio, la mesa «Con B de Barbate» llena de mojama y ostras, y adornada de blanco y azul. En la otra parte, las paellas y el jamón cortado de la mano de Carlos Muñoz y Marta, ¡qué rico!. No faltó de nada, incluso el viento que de vez en cuando venía a visitarnos, ¡quedaba bien y acorde con la boda! Pasaron un buen ratito del cóctel y cuando llegó la hora, pusimos rumbo hacia El Mirador, donde las mesas estaban preparadas, todas con una firma de algún célebre artista , diseño del propio novio, y la comida lista para servir.

De fondo, crisol de la raza ibera, la mejor estampa que puede tener un toledano. La cena fue tranquila, eso sí, los ramos a las madres y a la abuela no podían faltar y como en el postre ya habíamos pasado las 12:00 horas… ¡era el cumple de la mama del novio! Ellos le tenían preparada una tarta muy andaluza que adornó la mesa para presenciar todas las felicitaciones. Los invitados, acurrucados con mantas, no parecían sentir frío, pues disfrutaban y reían y acababan sus cafés calientes… la música ya se oía de fondo y los niños corrían que volaban repartiendo regalos junto con los hermanos de la pareja. ¡Ya quedaba poco para que comenzase la juerga!

El baile se abrió con un vals entre padre e hija que más tarde sería el novio el que acompañase sus pasos. Un divertido pero emotivo discurso de los amigos del novio,»Barbate», maravilló a todos los invitados e hizo a llorar a más de uno. Después tocaba bailar de verdad y no parar. Hemos descubierto que la novia debe tener familia habanera porque ese movimiento de cadera ¡no lo tiene cualquiera! Y no había sevillana que se le resistiese al novio.. como se nota la sangre andaluza. Todo el mundo movió el esqueleto como si no hubiera un mañana y nosotras algún pasito también dimos.

Gracias a todos, por vuestro cariño, vuestras sonrisas y vuestras palabras. Gracias María José y Manuel por confiar en nosotras y por hacerlo todo tan fácil. Fue un placer.

¡Qué seáis muy felices!

Paris la ciudad del amor

¡Vaya tarde la del domingo! Lo pasamos fenomenal con una pareja risueña a mas no poder y con alguna que otra sorpresa especial…Elena y Jesús estaban listos para soportar este calor infernal que tiene Toledo en agosto, bueno, últimamente en agosto, en septiembre, en octubre… y hasta en diciembre si me apuras!

Así que … mochilas preparadas, conjuntos mas que acertados y algun que otro complemento para el coqueto de la pareja. El Mercedes rojo nos siguió hasta uno de nuestros ya conocidos paseos. Entre risa y risa nos contaron que son ya nueve años los que están juntos… ni más ni menos! Así que desde aquí hago mención a que alguien del equipo debería casarse… pues no hay pareja que supere los años que lleva ella… podéis intuir quién es.. aún así en nueve años caben millones de experiencias y de amor.. y una de ellas era Paris, ese viaje secreto de aniversario que parecía esconder la ya mítica broma de «te quieres casar conmigo» y que Elena no creyó en ningún momento… hasta que el novio se puso serio y entonces comenzó todo este año mágico donde los novios hacen millones de preparativos y poco a poco se van acordando de Paris y de que en que momento fueron… pero luego el día merece la pena!!! No os desesperéis que no queda nada!!!

El sol iba cayendo poco a poco y nosotros cambiamos de lugar a otro todavía mas especial… en él lo pasamos mejor todavía pues la vergüenza había desaparecido por completo y había nuevos cambios de look! Con Toledo de fondo los mimos y las caricias llegaron si avisar pero no podíamos entretenernos mucho porque esta preboda hemos dicho que era especial… y es que una veintena de amigos les esperaba en la vega tomando un rico granizado de limón y alguna que otra cerveza… las fotos divertidas y las carcajadas tenían su momento entonces. No podíamos parar de reir. ¡ Vaya demostración bonita de amistad ! Y así lo reafirmaba uno de los tatuajes del novio… «friendship» que tenía junto con otros cuatro amigos…alguno de ellos lo tenia en sitio comprometido pero entre el cariño a Jesús y el calor que hacía…no le importó enseñarnoslo!!! Fue una tarde rodeada de anécdotas, de cariño y de personas que lo hacían todo fácil! Así da gusto!

Nos vemos en la boda y seguimos haciendo gamberradas!!!

Sonrisas , solo sonrisas

El día 15 tuvimos una boda muy muy especial. De esas de familia casi. Ya hemos hecho muchas bodas de esta preciosa familia y el sábado no podía ser menos. Empezamos el tour preguntándonos por el calor, como siempre, pero enseguida, cuando nos ponemos en marcha , se nos olvida todo.Comimos temprano para ir con el estomaguillo lleno a casa de la novia y no desmayarnos en el intento. Cuando llegamos nos recibió su hermano, pero nos advirtió de que aún, las mujeres de la casa , no habían llegado. Así que aprovechamos para hacer las fotografías de ese sencillo vestido, los originales zapatos, los anillos, el precioso ramo… y todos los detalles que la novia estaba apunto de lucir. Todo esto, en una maravillosa buhardilla presidida por un Steinway, que alguna tuvimos la suerte de tocar…Gracias mamá de la novia! Mientras disfrutábamos con bodegones entre teclas y contraluces, oímos llegar a las mujeres del cuento, primero pasó la mama de la novia, Sol, que se encontró con nuestra cámara apunto de disparar. Luego, Marta, la novia que venía dispuesta a reír. Unas cuantas fotos de los primeros preparativos y de un buen gazpachito, y rumbo casa de Jaime.

Al abrir la puerta no hubo más que sonrisas,que es lo que caracteriza al novio. Jaime, que así es como se llama el protagonista, tenía todo preparado; las corbatas, que crearon un acertijo, los gemelos, los zapatos..y aquel traje sorpresa y diferente del resto. Hubo fotografías con toda la familia que ya estaba lista para el evento, y que por supuesto, también sonreía. Los nervios, aparentemente, no eran muchos, pero nosotras sabemos que se escondía tras ese bonito traje.

Después, volvimos a casa de la novia, donde nos esperaban unas cuantas damas…y un damo! Que sin duda, era líder de la fiesta. La novia estaba tranquila, es lógico con tanta amiga, pero quedaba poco tiempo y tenía que vestirse! Nos pillaba el toro. Primero, se vistieron todos los que la acompañaban para después ayudarla. Así se hizo, y los primeros nervios empezaron a surgir, pero la novia iba pareciendo eso, una preciosa novia. Unas cuantas fotos en ese enorme jardín y rumbo catedral!

En la maravillosa y mágica Catedral, presidió el calor y la gente. Mucha en pocos metros cuadrados. Durante la misa, más de una carantoña, un guiño y una risa que se escondía de las miradas del sacerdote. También hubo más de una lagrima de emoción tras el sí quiero de la pareja. Y es que todo marchaba según lo previsto. Después de las firmas, las fotos familiares,para acabar con una largo paseo hasta la llegada al arroz. Si en muchas bodas hemos tenido kilos y kilos, aquí eran toneladas. Hubo infinitos abrazos y felicitaciones a la pareja, en aquella cuesta resbaladiza y protegida por asiáticos con cámaras mejores que las nuestras. Cuando cazamos todo ese cariño, pasamos a realizar algunas fotos al claustro donde hubo más amor y más sonrisas. Pero el tiempo era limitado así que partimos corriendo con nuestras compis geniales de aquel día.

En el cóctel una grata sorpresa para los invitados, pues fueron los novios los que los recibirían! Todo un bonito gesto. Las enhorabuenas abundaban,los abrazos y más de una broma,también, y el photocall improvisado a la entrada de un impactante Cigarral de Las Mercedes nos dio varias fotografías con amigos y familiares. Después la rica comida iba pasando sin dejar hueco entre plato y plato, y los primeros valientes se ponían ante la imponente silueta de Toledo, ese era nuestro momento para realizar las fotos de grupo!

El salón estaba listo, lleno de paniculata y orquideas, cubiertos colocados a la perfección y una nueva carpa que nuestra cámara estaba deseando recoger. Primero, pasaron las damas y el damo, abriendo camino para los recién marido y mujer, que brincaron por todo el salón demostrando la felicidad que llevaban dentro. Servilletas al aire, más de ¡Qué vivan los novios! y algún baile espontáneo al son de la música, abrían la cena. Una cena, que tranquila no fue. Estuvo llena de sorpresas, primero para padres y hermanos, después unos cuantos ramos a amigas y futuros matrimonios, y por último ese video tan emotivo donde se recordaba los inicios de la pareja y los momentos vividos con familia y amigos a lo largo de su historia antes del matrimonio. ¡Cuanta emoción! La cena acabó con nuestros queridos «Oliva» cantando, la novia transformando su look, y los invitados pidiendo las primeras copas.

Durante el banquete, algo muy especial les esperaba; «El Confesionario» montado por nuestro compi y destinado a saber los mayores secretos de la pareja. Hubo verdaderas carcajadas y alguna que otra frase emotiva. Mientras, los invitados bailaban las primeras canciones y la pista se llenaba poco a poco. Todo el mundo esperaba el baile de los novios , que salió a la perfección, para después continuar bailando y hacer un flashmob de esos que tanto nos gustan. ¡Toda la boda a bailaaaar! Entre coreografía, porque los invitados se sabían todas, y coreografía, una sorpresa de uno de los invitados, Luis,un experto en fotografía nocturna y nuestra competencia en cada boda «Olivense». Un piano esperaba para que Sol lo tocase acompañada de su hija y ante la atenta mirada de su yerno y el resto de su familia. Y aunque el piano no estuviese afinado, la música sonó como si estuviera ensayado. A dos manos entre madre e hija, amenizaron ese momento que con tanta ilusión había preparado Luis. De ahí a la pista de baile! El confesionario seguía recogiendo gente e infinidad de bromas y nosotras «pasito a pasito» fuimos acabando nuestras fotos y despidiendonos con ese inmenso cariño de los que allí se encontraban.

Gracias por elegirnos, por sonreir, por ponerlo fácil. Ha sido un verdadero placer formar parte de uno de los días más especiales de vuestra vida. Gracias familias de los novios! Nos vemos pronto pareja!!!

Caricaturas por amor

Lo bonito de trabajar en uno de los días más importantes de alguien es ver como todos esos planes que nos cuentan sobre el papel, cobran vida y se hacen reales rodeados de la gente que les quiere. Incluso lo mejora llegar a formar parte de ese día como invitado de una amiga más que especial y poder retratar los primeros momentos de emoción. Y es que Belén y Javi son amigos y eso hace que el trabajo tenga otra dimensión.

Esta vez nos tocaba hacer algo especial, demasiado especial. La novia era una de esas personas que han crecido y compartido todo contigo, que han llorado, han reído, de esas que guardan tus mayores secretos. Se iba a casar con su media naranja, o media langosta como dirían en nuestra querida y mítica serie Friends. Sí, un apuesto y alto, muy alto hombrecito, había conquistado el corazón de nuestra amiga a través de canciones y correos que, parece que fue ayer, rememorabamos en el coche emocionadas y nerviosas…canción 33 Brown eyed girl. Nadie mejor que él para ella. Los nervios abundaban más dentro de nuestra cámara que en la propia novia. Y tras llamar a un portero que no era, típico, alguien nos abrió esa casa llena de peques y acento argentino. Y allí estaba, tan natural como siempre mientras la maquillaban para el momento más especial de su vida. Mientras tanto…cuatro sobrinos llenos de energía recorrían por la casa en busca de su «pistola» que así llamaban ellos a su consola, ¡Menudo susto en el aeropuerto cuando se la pidiera a su madre! Hermanos y padres salían de una habitación a otra en busca de todos los completementos para ir a la perfección: ccorbatas, pamelas, gemelos…y el tiempo pasaba entre juegos y sonrisas. Después, ese momento que todas las amigas habíamos intentado adivinar; el vestido que, como decía la novia, no nos esperabamos. ¡Menuda espalda amiga! que preciosa estabas, que preciosa y que preciosa. A tu amiga no se le pasaba otra cosa por la cabeza. Y seguro que al resto, tampoco.

Mientras tanto, veíamos como a la Parroquia de Santiago el Mayor iban llegando gota a gota los invitados que hablaban en la entrada, como colocaban las flores en su lugar y del silencio tranquilo se pasaba a una burbujeante actividad. Entre una nube de niños que venían a visitar la iglesia, vimos aparecer a Javi con paso tranquilo y una gran sonrisa. Desde que subió la escalera no dejó de ser abrazado por los invitados más madrugadores mientras nos decía «que esto no estaba tan mal». Sonrisas a contrarreloj mientras los paipais volaban para lo que estaba por venir, que era un calor más que agradable.

Entre foto y foto y mientras Javi esperaba al resto de invitados…, más detalles, esta vez tocaba el velo, un momento  tremendamente importante porque no siempre se tiene el privilegio de terminar de vestir a una amiga . El reloj no dejaba minutos para nada más,asi que tocaba recoger mochila, hacer las últimas fotos en familia y dar ese achuchon a la novia donde se decian mas cosas que con palabras.

La llegada de la novia pilló a los más tardones entrando a la parroquia, por lo que el novio tuvo que avisarles con un «¡todos para dentro!» que rápidamente despejó la zona. Con Belén saludando nerviosa desde el coche junto a su padre, esperamos un poco por unos gemelos perdidos (uno de esos contratiempos de última hora) y mientras tanto, como quien no quiere la cosa, vimos un poco de magia aparecer en el momento en el que se vieron por primera vez.  Javi se acercó al coche y a través de esa ventanilla bajada a medias con solo una preciosa mirada se dijeron muchas cosas. ¡La emoción estaba servida! Después, la ayudó a bajar del coche mientras Belén se colocaba y contenía los nervios como había prometido que haría… ¡sin llorar! aunque no fue por falta de ganas.

Primero el novio y la madrina llegaron al altar para esperar allí a la novia y al orgulloso padrino que recorrieron el pasillo a contraluz saludando a todos. El haberse visto fuera no quitó ni un ápice de dulzura en esa mirada de reencuentro. Las palabras del novio dando la bienvenida fueron el comienzo de una ceremonia preparada a conciencia en la que participaron muchos de los presentes, algunos con la voz estrangulada al subir al ambón. La música fue su compañera con esa alegría que nos encanta percibir y que iba intercalándose tras las palabras y los momentos más importantes. La sensación de estar justo donde uno quiere estar en el momento del «sí, quiero», nos puso los pelos de punta. Estaban en casa y es que efectivamente la Parroquia de Santiago el Mayor es un hogar.

Tras las fotos generales de familia, enfilaron el pasillo y se abrieron las puertas. La salida fue algo accidentada porque el arroz vino acompañado de algún que otro tubo de confeti explosivo que recibió Javi sin esperarlo. Cuidado, ¡qué tienen potencia de fuego! Aún y así, no dejaron que se estropeara el momento y acabaron llenos de arroz y abrazando a los suyos a manos llenas. Por fin podían acercarse a ellos uno por uno para felicitarlos ya como marido y mujer.

Aunque  la ceremonia se había alargado, aún nos dio tiempo de hacer una parada en el Puente de Alcántara para unas fotos y unos clips en pareja. Con esas bonitas vistas del casco y del Tajo, el sol de justicia nos alegraba el momento y es que en toda la semana no había hecho más que llover a cántaros. Con todos pendientes del hombre del tiempo, el día no podía salir más bonito para este raro mes de julio.

Nos contaban que justo unos años atrás estaban paseando ese mismo día y a esa misma hora por la zona… ¿con pantalones largos? Entre anécdotas como esa, fuimos paseando, parando, buscando rincones (mejor si eran a la sombra) para pedirles algún beso robado, aunque no hiciera mucha falta. No necesitaban mucho consejo para abrazarse y hasta los «casi besos» los hacían con prisa. Sin poderse aguantar ni la risa ni los besos. Después de unas cuantas fotos más, nos fuimos con la imagen de la espalda de Belén, porque con ese vestido…¡era para lucirla!  😉  Ya les esperaban en el Restaurante Asador Las Nieves para comenzar con la siguiente parte: la fiesta de boda.

Siguieron la alfombra roja y llegaron a la entrada mientras la gente les ovacionaba al bajar la escalera que llevaba al cóctel. Y desde que pusieron sus pies en el último escalón, no hicieron otra cosa que aprovechar el tiempo de relax, ya con los nervios olvidados en la parroquia. Aprovecharon también para hacer todas esas fotos de grupos que quedaban pendientes ya que todo el mundo quería una con los protagonistas. Y había bastantes, ¡a cada cual más grande! Entre picoteo y refresco, nos colamos en el salón para hacer fotos de la sorpresa que les esperaba a cada invitado en su asiento. Nos lo había chivado un pajarito y nos encantaron las reacciones de la gente al abrir aquí y allá ese sobre misterioso.

Ya con todo el mundo dentro, empezó a sonar la música y entraron ellos serpenteando y bailando entre los aplausos y pañuelos girando en el aire. Otro momento para enmarcar que acabó en la mesa 10 con esos ramos a dos amigas especiales con los que Belén quería tener un gesto de cariño entregando dos mini ramos. Fue un momento muy especial cargado de significado que acabó con muchas lágrimas de emoción pues no se lo esperaban. El banquete fue tranquilo y muy agradable, con luz entrando por los ventanales y las conversaciones y la música adornando la comida. Nosotros tuvimos también nuestro rincón de operaciones, cosa que les agradecemos muchísimo. Ambos saben lo importante que es trabajar así de bien. Pasaron los minutos y llegó el postre junto con una señal invisible junto con algunas amigas de Belén (nuestra Amanda incluida) bailando y sujetando regalos mientras se paseaban hasta la mesa nupcial. Cada uno con un mensaje, una broma o un detalle especial que les hizo sonreír y también llorar. Todo es poco para crear recuerdos, como ese abrazo en grupo donde había más de una lágrima.

Los hermanos empezaron a pasar por las mesas entregando regalillos y puros, mientras Belén, Javi y los padres de ambos aprovechaban ver qué tal estaban sus invitados ya en la sobremesa del café. Algunos fumando fuera, otros con los preparativos del «candy bar» y los disfraces para la fiesta, los niños jugando los primeros en la pista de baile… Había llegado el momento que más nervios le producía a Javi… la apertura de la fiesta con su vals… ¡y salieron vivos! Después de compartir unas vueltas con sus padres entre risas, a una señal el tranquilo banquete pasó a llenar la pista de baile con pequeños, medianos y mayores. No podemos desvelar nada de lo que sucedió después pero dimos fe de algún desmelene, una conga y un manteo sorpresa del novio que nos encantó presenciar. ¡Cómo nos gustan los invitados gamberros!

Gracias a todos por hacernos nuestro trabajo lo más fácil posible, por las palabras de ánimo y sobre todo a Belén y Javi por pensar tanto en que también nosotros estuviéramos bien, en un día con tantas emociones para ellos. Pero sobre todo gracias por elegirnos para ese día, el más especial, y dejarnos contarlo. Fue todo un placer llorar y sonreír con vosotros. ¡Qué seáis muy felices!

Las luces de la gran ciudad

Después de una mañana haciendo una bonita sesión de embarazo con muy buen rollo y un poco de rock (de esas que nos quedamos para nosotros y para nuestras parejas en petit comité), pusimos rumbo hacia el centro de Madrid con mono de fotos. La cámara nos pedía más caña y por eso no hizo falta ni música. Con las indicaciones del GPS íbamos alegres. Nos perdimos un poco, como no, pero ya lo teníamos en cuenta. Por suerte era un día de novedades y es que nuestro equipo aumentaba con Amanda II y Antonio, nuestros compis en prácticas. Iban a hacer making off y todo lo que se les pusiera por delante y con ese pensamiento, en plena Plaza de España vimos aparecer a Fernando y Nuria. Él tan elegante con abrigo largo y ella como una princesa de blanco con un vestido corto para la ocasión. Y, aunque no se lo esperaban, el cariño de sus gestos arrancaba aquí y allá felicitaciones y halagos a los «recién» casados. Nos partíamos de risa.

Podemos decir que tuvimos una parte más tranquila haciendo una ruta alternativa para evitar un poco el turismo, una idea que luego acabamos agradeciendo. Desde Palacio de Oriente con su Segway, pasando por la Plaza Mayor, aquella tienda de flores tan bonita, algún que otro escaparate… No se nos acababan los lugares que recorrer y los muchos rincones de Madrid nos encajaban como anillo al dedo. Ellos con su sonrisa habitual y su buena disposición a disfrutar de un rato de fotos, vídeo y buena compañía, lo hacían todo más fácil. Fernando nos hacía reír con sus «Nuria está posando» para hacerle de rabiar y ella preguntando «¿pero sigo teniendo el pintalabios bien, verdad?». No parábamos de recordar detalles del día de su boda, como el del propio pintalabios, tan suyo.

Se nos pasaron las horas y poco a poco nos acercamos a Sol, con sus centenares de personas a pesar de ser un día nuboso y es que siempre hay gente que quiere pasar un día por allí. Saludamos al oso, vimos la entrada del antiguo Casino y bajamos hasta el edificio Metrópolis. Allí hicimos unas fotos sufridas pues empezaron a caer unas gotas que nos metían prisa. ¡Clic-Clic! y en un pis las estábamos todos bajando para ya acabar con la Gran Vía, ¡ahí es nada el recorrido! Nos lo agradecieron las piernas a todos menos a la pobre Nuria con sus tacones.

Muchas pequeñas anécdotas, como las fotos del paso de cebra frente al Primark con el semáforo en rojo, las del emblemático letrero de Schweppes en Callao o las luces de la salida abarrotada de aquel teatro, muy de beso de película. Y así muchos más que quedarán siempre en Gran Vía donde, como suele decirse, «hay de todo». Al final, acabamos con un poco de frío en la boca de metro más especial. Un bonito broche para acabar la sesión de los sueños de la pareja: un paseo muy urbanista por Madrid. Los abrazos de la despedida nos gustaron muchísimo, igual que los que nos daremos el próximo día que nos veamos. Seguro.

El año pasado empezamos en marzo con vosotros y, en cierto modo, este año volvemos a empezar. No pudieron ser esos adornos de Navidad pero aún así, éste sábado hubo luces. 😉 Gracias por vuestro cariño, siempre y hacia todo el equipo. Y gracias a Madrid por aguantar la lluvia ¡justo hasta entrar en el coche!.